Memoria Auditiva

3 noviembre, 2010

Sonido a recuerdos

Hoy después de mucho tiempo tomé una guitarra y toqué una canción completa, canto incluido, mi mente se llenó de imágenes e impresiones tan fuertes que mi cuerpo lo tradujo en un escalofrío.

Fue algo así como recuerdos, pero en lugar de recordar situaciones específicas recordaba sensaciones, como percibir el aroma del pan casero de la infancia o el perfume de las calles húmedas del barrio tras muchos años, si… como el barro del patio metiéndose entre los dedos de los pies después de una tormenta de primavera, algo parecido a “todo eso” con el simple sonido de un Do de la primera a la sexta cuerda…-

 

Hoy después de mucho tiempo tomé una guitarra y toqué una canción completa, canto incluido, mi mente se llenó de imágenes e impresiones tan fuertes que mi cuerpo lo tradujo en un escalofrío.

Fue algo así como recuerdos, pero en lugar de recordar situaciones específicas recordaba sensaciones, como percibir el aroma del pan casero de la infancia o el perfume de las calles húmedas del barrio tras muchos años, si… como el barro del patio metiéndose entre los dedos de los pies después de una tormenta de primavera, algo parecido a “todo eso” con el simple sonido de un Do de la primera a la sexta cuerda…-


Recurrencias

17 octubre, 2010

Nostalgia en imágenes

En el fondo del río estaba lo que aquella ovejita había perdido, unos niños pequeños parados sobre el cerco de madera que los separaba del agua tan cristalina podían verlo con toda claridad, la pradera se extendía verde e interminable, el aire saturado de pureza e inocencia.

Ella, la oveja, había quedado sola en un rincón del corral porque al abrirse la tranquera no pudo seguir el paso de las otras… ¿su mirada? triste, desalentada, fija sobre los mismos niños que antes la vieron desvalida y no pudieron más que enternecerse con ese cuadro, sentimientos propios de los niños ¿ellos la salvarían?

Que emociones tan fuertes, que tristeza tan grande sintieron al verla, que necesidad tan desesperante de ayudarla. Fue tan real esa necesidad, que permanecía cada vez aun después de despertar…-

 


25 Años Después

29 agosto, 2010

Él

Él

Vivíamos en lo que no era siquiera un barrio humilde de la ciudad. Eran las siete y media de la mañana de un día  soleado y ventoso de fines de agosto, y en el hospital ocurría lo que esperamos ansiosos durante varios meses, no imaginamos nunca que los morochos y castaños cobrizos pararían a segundo plano al lado de un solo resplandeciente dorado claro, eso y sus ojos miel, sus mejillas turgentes y su risa contagiosa serían, entre otros cientos de atributos, desde ese día los protagonistas de la casa, protagonismo del que nuca se desprendería y eso… lejos de molestarnos, nos encantaba, toda nuestra atención estaba puesta en él, nuestros cuidados, nuestro cariño. Era único el lacio de tu pelo, su picardía, su desplante… había llegado para quedarse y no solo eso, su misión era hacer la diferencia y hoy, cumpliéndose un cuarto de siglo de aquel suceso la sigue haciendo y hoy también sigue su protagonismo, toda nuestra atención y cariño hacia él… hoy es su cumpleaños, Hermano te amo, Feliz Cumpleaños!!!-


Madre

28 mayo, 2010

Día de otoño

Caminaba distraída mientras la brisa fresca del otoño acariciaba su rostro, las hojas secas crujían bajo sus pies; las calles estaban húmedas y subía hasta su nariz el aroma de la tierra, hasta el aire parecía tornarse sepia y ponerse a tono con el dorado pálido de su piel, con su largo y castaño pelo y sus ojos cafés, como rindiendo homenaje a su andar.

Cantaba despacio, o más bien susurraba una melodía tranquila que nadie conocía. Llegó hasta su calle y sin dejar de crear su música, como por inercia, abrió esa suerte de postigo del portoncito de madera que ella misma había improvisado, siguió adelante unos pasos hasta la puerta, las notas seguían fluyendo… entró… sus manos suaves acariciaron unas caritas redondas y pequeñas que se mantenían cerca de la chimenea, el fuego se reflejaba en sus mejillas.

Afuera, el mundo, ya privado de su presencia, se sentía desierto y triste, pero dentro de esas paredes de ladrillos y adobe, bajo ese techo de cartón, unos niños recuperaban la sonrisa perdida media hora atrás. Y ella… ella se sentía en su paraíso.-